Día de Edurne: Hoy me he quedado dormida. De repente abro el ojo y ¡mierda! las 6 y 20. Me he levantado corriendo y me he vestido, desayunado, etc. en 0´1. De esta manera he terminado antes de lo normal, porque yo los días normales me tomo mi tiempo en hacer las cosas.
Cuando he llegado a la oficina a los 2 minutos ha llamado un tío a la puerta y se ha puesto a hablarme en noruego. Como siempre que me pasa eso le he dicho: I´m Spanish. I don´t speak norweian lenguage. Entonces me ha dicho que venía a ponerme el teléfono, y yo pensando ¿para qué quiero yo un teléfono? y le he dicho que yo no sabía si esa oficina llevaba teléfono. Ogel nos habrá oído porque ha venido y le ha dicho al chico que sí, que el teléfono era ahí. Y ahora tengo un fantástico teléfono en mi mesa. Claro que si me llaman no pienso coger, y si lo hago va a ser para decir One moment, please… e ir a llamar a alguien. Si me cuesta entenderme en directo pues imagínate por teléfono.
Después de todo esto he descubierto que me habían arreglado el internet, así que he mirado los correos y Sonia viene el sábado seguro!!! Qué contenta que estoy!! Ya estamos ultimando detalles, como que tiene que traer y cosas así.
También he continuado haciendo el trabajo, buscando fotos y tal. Ya casi he terminado y cuando termine la verdad es que no tengo muy claro qué voy a hacer.
Así han llegado las 2, me he ido al bus y he llegado a casa como todos los días, cerca de las 3 y media. Me he puesto a hacer la comida, que ha sido arroz blanco. La variedad no es mucha, pero bueno, podía ser peor. Además yo he descubierto un yogur noruego que está de muerte.
Día de Mara: Esta mañana he empezado como todas pero no me ha dado tiempo a desayunar porque si no, no llegaba al bus. Al final he llegado justa (como siempre)… ¡No es culpa mía! Es el sueño que puede conmigo. He llegado y se ve que alguien celebraba algo porque había una fuente para desayunar de macedonia con yogurt. Después de desayunar frutita, como hoy era el día de currar en el museo, he bajado con Kari. Hemos encendido y abierto todo. Mientras ella empezaba a calentar café y sacar todas esas cosas para la gente del museo, me ha dicho que contara el dinero de la caja… ¿fácil no? ¡Pues no! porque cada vez que contaba me salía un número diferente… He llegado a pensar que había alguna cámara oculta o algo así porque no era posible que de cuatro veces que había contado, ¡ninguna coincidía! A la quinta por fin me ha cuadrado, pero estoy segura de que si vuelvo a contarlo otra vez, me sale otro número diferente… Luego, hemos tendido a un grupo que ha venido a ver el museo y una parejita de ancianos. Heidi estaba en la puerta quitando hielo de la acera, mientras las visitas veían el museo y tal, ha salido un rato Kari a ayudarla y me he quedado yo sola. Cuando Kari estaba fuera, el grupo a terminado su visita y a empezado a bajar por partes. Como no habían bajado todos, algunos estaban abajo en recepción conmigo y yo, acojonada, no me atrevía a decirles nada con lo cual había un silencio de esos que se cortan con tijeras. De repente a entrado Kari, justo cuando ha bajado todo, y me ha salvado porque, aunque estoy aprendiendo, aun no me manejo bien con el cobro de las cosas del museo y la lio. Cuando el grupo se ha ido, Kari me ha cambiado un rato el puesto y yo, inocentemente, he salido a ayudar con el hielo a Heidi. Lo que no me explico es que, si a mi en diez minutos, que he estado, me temblaban los brazos y no era ni capaz de escribir mi nombre… ¿Cómo podía estar toda la mañana Heidi con ello? ¡Me he quedado flipada! ¡Y parece fácil! Realmente no tiene nada de complicado porque solo tienes que dar golpes con toda tu alma en el hielo hasta romperlo con una especie de arpón gordo. Pues, cuando he “terminado”, de hacer fuerza, me temblaban todos los músculos de los brazos (parecía que tenía parkinson) y, me había reventado un pequeño callo de debajo del dedo corazón (el del medio). Nada de importancia… un podo de sangre y ya está. Sinceramente, prefiero trabajar en el almacén antes que de quita hielos. Bueno… después de mi bonita experiencia con el hielo, Kari me ha dicho que suba a “lunch” que ella terminaba y no sabia si echarme a llorar por ella o darle un abrazo o que, con lo que he subido a comerme mi yogurt de litro. Hoy ni Marco ni Trini estaban… Sinceramente, Trini hace una semana que no está y esta, no tengo muy claro porqué no. ¡En fin! Cuando he terminado he ido con Heidi a comprar sal para el hielo de la acera (¡lo podían haber pensado antes!) X( Hemos ido a una pastelería primero porque, todas en consenso han decidido que, “por mi esfuerzo de esta mañana me van a invitar a unos dulces”… Que yo he pensado “¿Y a la pobre Heidi que está toda la mañana qué?”. Al final, he elegido una bandeja de cuatro dulces típicos de aquí, que según me han contado, se comen antes de cuaresma mucho para ponerse gordos para la cuaresma. Luego, hemos pasado a comprar seis sacos de sal (que entre que mis brazos no podían con su alma y que los sacos pesaban que te cagas, me ha costado llegar). Una vez esparcidos, he vuelto con Kari al museo a cerrarlo. ¡Y la he liado! Como aquí apagar un interruptor de la luz implica apagar tres o cuatro cosas a la vez, para ahorrar tiempo y viajes, he apagado el interruptor de los escritorios pensando que solo se iba a apagar las luces (como ocurre en todas las casas y oficinas) y se ha apagado las luces y el ordenador donde llevábamos la contabilidad del día. Menos mal que estos bichos están preparados para recuperarse de un apagón como si nada… pero, por querer tardar menos, ¡hemos tardado el triple! porque el ordenador era viejo de narices (Windows 2000) y se ha tirado tres horas para arrancar. Al final, y después de volver a contar el dinero otras tres veces, como las cuentas no me salían, Kari lo ha vuelto a contar y le daba bien. Hemos cerrado y subido. Entonces nos hemos reunidos las cuatro: Hilda, Heidi, Kari y yo, a comernos los pasteles (por poco muero de una sobre dosis de nata de frambuesa). Cuando eran las tres he salido a pillar el bus camino a casa y he llegado justita para no mojarme con la nevada que ha empezado a caer. Al llegar, a pesar de no tener mucha hambre por el pastel enorme que me he metido entre pecho y espalada, me he comido casi todo el arroz.
Como no teníamos nada mejor que hacer, nos hemos echado una pequeña siesta, que en principio iba a ser de las 4 a las 6, pero a Mara le ha sonado el despertador y, la cama a actuado como ventosa, con lo cual, le ha dado un toque a Edurne para que se levantara y ha seguido durmiendo… Han seguido durmiendo las dos hasta las ocho y pico. Cuando la ventosa de la cama de Mara ha perdido fuerza, nos hemos levantado y hemos merendado tostadas, leche y Mara se ha comido uno de los sobres de trigo que una de sus tutoras le regaló ayer. Hemos pensado que comer a las nueve casi, no era merendar. Con lo cual eso era la cena. Después nos hemos venido a la sede y hemos visto una peli que se llama: “el juego del ahorcado” y a dormir otra vez.
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